La macrorregión norte del Perú se consolida como el eje estratégico más robusto para el futuro de la industria extractiva nacional. Según los últimos reportes del sector, las regiones de Cajamarca, Piura, La Libertad y Lambayeque agrupan una cartera de inversión que supera los 23,000 millones de dólares. Este impresionante flujo de capital representa casi la mitad del potencial minero total del país, marcando una hoja de ruta clara para el desarrollo económico de la próxima década.
El motor de este crecimiento se centra en proyectos de gran envergadura como El Galeno, Michiquillay y La Granja, los cuales no solo prometen una producción masiva de cobre y oro, sino también una transformación social sin precedentes. Se estima que la puesta en marcha de estas operaciones beneficiará a más de 4 millones de ciudadanos mediante la generación de empleo directo e indirecto. La infraestructura logística asociada será clave para integrar estas zonas con los mercados internacionales.
A diferencia de otras zonas del país, el norte apuesta por un modelo de corredor minero que conectaría múltiples yacimientos, optimizando costos y reduciendo el impacto ambiental. Esta visión integrada busca crear economías de escala que faciliten la llegada de proveedores tecnológicos y servicios especializados. El objetivo es convertir a esta macrorregión en un polo de innovación minera que atraiga talento y capitales globales de manera sostenida.
Finalmente, el éxito de esta cartera depende de la estabilidad social y el compromiso de las autoridades para agilizar los trámites de exploración y construcción. Si se cumplen las proyecciones para el cierre de 2025 y el inicio de 2026, el norte peruano será el principal responsable de la reducción de los índices de pobreza regional. La minería se reafirma así como el pilar fundamental para el cierre de brechas y el progreso de las comunidades del septentrión peruano.