La macrorregión sur del Perú mantiene un papel central en la actividad minera nacional, respaldada por una cartera de inversión de US$29,142 millones. Arequipa, Apurímac, Cusco, Moquegua, Puno y Tacna concentran importantes operaciones, reservas minerales y proyectos que podrían impulsar el siguiente ciclo de inversiones del sector.
De acuerdo con Angélica Remuzgo, abogada especialista en Derecho Minero, esta zona concentra el 45,5% de la cartera de inversión minera del país, distribuida en 25 proyectos de gran escala, principalmente vinculados al cobre y hierro. La especialista destacó la existencia de títulos de concesión minera como un elemento que brinda seguridad jurídica para inversiones de largo plazo.
El cobre tiene un protagonismo importante en la actividad minera de la macrorregión. Operaciones como Cerro Verde, Cuajone, Quellaveco, Toquepala, Antapaccay y Las Bambas forman parte del eje productivo que sostiene la participación del sur en la producción nacional de este metal. Según especialistas citados por Rumbo Minero, la zona ha concentrado entre 60% y 70% de la producción peruana de cobre durante los últimos años, dependiendo del desempeño de las operaciones.
La actividad minera también genera transferencias mediante canon y regalías, recursos que pueden ser utilizados por los gobiernos subnacionales para financiar infraestructura y obras públicas. Asimismo, la industria moviliza una amplia cadena de proveedores y servicios que incluye transporte, construcción, metalmecánica, comercio, hotelería y gastronomía.
Sin embargo, el desarrollo de este potencial enfrenta desafíos relacionados con la gestión de los recursos públicos, los procedimientos administrativos, la gobernanza territorial y las brechas sociales y de infraestructura. Raúl Molina, exviceministro de Gobernanza Territorial, señaló que la relación entre minería y territorio no ha sido uniforme y que mantener operaciones sostenibles requiere una mayor articulación entre empresas y Estado.
En este escenario, los especialistas consultados resaltan que el potencial geológico y la cartera de proyectos ofrecen oportunidades para nuevas inversiones en la macrorregión sur. La capacidad de convertir estas oportunidades en desarrollo territorial dependerá también de la gestión pública, la infraestructura disponible y el fortalecimiento de las relaciones entre las operaciones mineras y sus áreas de influencia.